Combate los resfriados: Un estudio publicado en la revista Archives of Internal Medicine analizó que las personas que habían dormido cinco horas o menos por noche tenían más probabilidades de experimentar un resfrío u otra infección en un lapso de 30 días. Quienes dormían menos de ocho horas eran tres veces más proclives a pescar un resfriado en comparación a quienes dormían ocho horas o más.
Mejora el ejercicio: Así como el desarrollo físico ha demostrado ser un patrocinador de una buena noche de sueño, a la inversa funciona de la misma manera. Estudios en atletas profesionales indican que la privación de un sueño adecuado puede disminuir el rendimiento en el deporte.
Controla las hormonas del apetito: El cuerpo humano está creando constantemente hormonas que generan sensaciones de hambre y saciedad. Estudios de laboratorio en seres humanos han demostrado que las hormonas del hambre -grelina, leptina e insulina- interrumpen su proceso en tramos de sueños cortos desregularizando el ciclo. En simultáneo, otros informes médicos vincularon sensaciones de aumento de hambre en personas que han sido privadas de un sueño profundo y asociaron elecciones de alimentos con alto contenido calórico a quienes no han descansado lo suficiente.
Previene las migrañas: Un reciente estudio realizado en Corea del Sur intentó identificar los principales factores desencadenantes de la migraña clásica. El resultado apuntó al estrés, a la fatiga y a la falta de sueño como elementos claves para favorecer su disminución.
Regulariza el azúcar en la sangre: La revista Diabetología halló condiciones pre-diabéticas al estudiar el comportamiento del organismo de hombres jóvenes y sanos en tres noches de sueño inapropiado. En el estudio publicado se comprobó que aumentó el registro de los ácidos grasos libres, un factor que reduciría la eficiencia de la insulina en pos de disminuir el azúcar en la sangre.
Combate la obesidad: Muchos estudios observacionales han demostrado un vínculo entre la obesidad y la falta de sueño en niños y adultos. Esto se manifiesta en una serie de factores. En principio, las personas sin descanso son menos propensos a ejercitar y suelen tomar decisiones alimenticias más precarias. En una publicación de la revista Obesity se demostró cómo las personas que duermen poco evidenciaron una tasa metabólica inferior. En otro estudio realizado por la Universidad de Pennsylvania certificó una relación de mayor peso a individuos puestos a prueba en un programa de privación del sueño, en comparación a quienes que se les permitió dormir lo suficiente.
Dormir más ocho horas evita resfríos, controla el apetito y previene dolores de cabeza.